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Venezuela y las planillas “planas”…

Por Ismael Pérez Vigil, Politólogo

Caracas 11 de febrero de 2004. El CNE no descansa, tiene en su poder más de tres millones de firmas pidiendo el referendo revocatorio del Presidente de la República, que les queman las manos y no saben como deshacerse de ellas.

Intentaron de todo; pusieron reglas absurdas e ilegales, como eso de firmar en papel de seguridad, restringir los centros y días de recolección, obligar a poner la huella dactilar, etc. Convirtieron un acto privado, ciudadano, en un acto público y al hacerlo, al tratar de poner trabas e impedirlo, lo blindaron; dijimos desde un principio que quien superara las dificultades, tendría a su favor todas esas reglas absurdas que pusieron en contra.

Los enemigos de la expresión democrática, entre los que incluyo al actual CNE, hicieron de todo para evitar la expresión democrática y cuando vieron que las dificultades se iban superando, inventaron otras. Cada quien en su “tarea”, el CNE definió normas a pocas horas de los procesos de recolección de firmas, para entorpecerlos; cambio las reglas del juego entre uno y otro proceso, en contra de la oposición; impidieron que firmaran los venezolanos en el exterior, etc.

Los otros “Poderes” del Estado también cumplieron su papel; trataron de eliminar firmantes, “rebanando” el universo de posibles firmantes como si se tratara de un salchichón; comenzando por el Presidente de la República, que se cansó de amenazar y llamar “traidores” a los que fueran a firmar en su contra; amenazó al CNE si no cumplían con sus normas caprichosas (y fue complacido); el “Defensor del Pueblo” prohibió a sus funcionarios que firmaran; el Comandante General del Ejercito amenazó a los militares que quisieran firmar; los Ministros amenazaron a sus funcionarios y sobre todo a los empleados públicos; hasta grotesco fue escuchar y ver a la Ministra del Trabajo como instruía por televisión a los posibles firmantes para que fueran a anular e invalidar las planillas, en acto ilegal y penado, que fue tan evidente que hasta un Rector del CNE afecto al régimen, como Jorge Rodríguez, se lo dijo públicamente en televisión y sin embargo no se tomo ninguna medida en contra de ese delito.

No obstante, la gente fue a firmar, fue a expresar su voluntad ciudadana. Cuando vieron eso, enviaron a sus simpatizantes a acosarlos en los centros de recolección, a que los insultaran y les lanzaran cohetes, impunemente, en presencia de los soldados del Plan República; instruyeron a sus testigos para que pusieran problemas con las actas; a sus itinerantes a que se negaran a salir, etc.; e incluso, instruyeron a los oficiales del Plan República, afectos a su causa, para que pusieran problemas, para que desprotegieran los centros, para que impidieran con cualquier excusa que la gente firmara.

Pero la gente siguió firmando, implacablemente, sin misericordia; fue tal la desesperación que hasta el propio Presidente de la República salió el domingo 31 de noviembre, en pleno proceso de recolección de firmas en su contra, a denunciar un supuesto fraude y a llamar a sus seguidores a “defender rodilla en tierra” su proceso; al instante lo secundó el Vicepresidente de la República en las “denuncias” del megafraude y luego el Presidente de la Asamblea Nacional llamando a los partidarios del régimen a salir a la calle a “defender la revolución con armas en la mano”; nada ocurrió, le gente siguió firmando, ese día y al día siguiente.

Pusieron restricciones —el CNE— a la entrega de las firmas, por parte de la oposición, diferentes y más estrictas que al Gobierno; manipularon —el CNE— la escogencia de los transcriptores; enviaron de vacaciones —el CNE— a los funcionarios; atrasaron, ilegalmente, —el CNE— el inicio del proceso de verificación, violando sus propias normas; trataron de impedir —el CNE— la actividad e los observadores nacionales e internacionales; etc. Pero las firmas llegaron, clasificadas, ordenadas, copiadas digitalmente.

El Gobierno movilizo todos sus recursos para continuar la intimidación; continuo las amenazas, las acusaciones de megafraude, pero sin presentar pruebas, excepto dos avisos de prensa —ilegales de acuerdo con las normas del CNE sobre información y publicidad— en la que presentaron “una” planilla de las más de 350 mil que existe y que además se demostró que estaba bien; y dos actas, de miles que también hay, supuestamente repetidas y que se demostró que una invalidaba la otra de manera correcta.

Vino entonces el intento de cuestionar las planillas porque las huellas no eran “legibles”, hasta que se dieron cuenta de que ese problema lo tenían principalmente las planillas presentadas por el Gobierno y que no hay manera, científica, ni base de datos para sustentar las objeciones en las otras planillas; trataron de modificar, sin éxito, los criterios de validación de las actas; intentaron retrasar el proceso de trascripción cerrando turnos o demorando la actividad; después vino el proceso de “poner en observación” las actas, que fue tan descarado que hasta el CNE tuvo que intervenir para poner orden. Pero las firmas siguen allí, imperturbables testigos de la voluntad popular.

La última estratagema es la de las “planas”; pretender invalidar firmas porque la “caligrafía” de los datos es similar. Es tan burda la maniobra —en la que esta involucrado un rector del CNE, el señor Oscar Battaglini, emitiendo opinión al respecto— que no resiste el más mínimo análisis.

Primero, esta el intento de Oscar Battaglini de invertir la carga de la prueba, proponiendo que debe ser el firmante el que debe demostrar que esa es su firma, que él si firmó, y no como debe ser, que quien cuestiona la veracidad pruebe que eso es así, que la firma es falsa. Si ese es el caso, por esa vía y lógica jurídica absurda, todas las firmas pueden ser cuestionadas y todos tendríamos que ir al CNE a demostrar que esa es nuestra firma.

Después el tema mismo de las “planas”, lo “parecido” de la letra como criterio que invalidaría las firmas, tampoco resiste un análisis. Las normas definidas por el CNE sobre los referendos revocatorios establecen en los artículos 22, número 2, que es la firma la que debe ser “…manuscrita original”; e igual dice el artículo 29, números 3, 4 y 5, que no se consideraran fidedignas: “Si la firma no es manuscrita” (número 3); “Si la firma es producto de fotocopias o cualquier otro medio de reproducción” (número 4) o “Si se determina que más de una firma proviene de la misma persona” (número 5); en todo lo demás, lo que dicen las normas es que deben contener datos que sean legibles, fidedignos y que coincidan con los documentos de identidad y el registro electoral.

¿Qué vendrá ahora?, ¿Invalidar firmas por errores ortográficos y faltas de acentos, o por tener la letra fea?

O mejor aun, los argumentos increíbles de Diosdado Cabello sobre la legitimidad del acto; el Ministro-Candidato —en campaña, ilegalmente, sin que el CNE diga nada— declaró hoy por la radio, palabras más, palabras menos, que ellos van a defender el “proceso”… por favor lean bien… porque no hay derecho a que por dos millones y medio de firmas de 25 millones de venezolanos vayan a sacar al Presidente. ¡Que tal! Por esa vía no faltara quien diga que como es que Chávez Frías esta en el poder con solo tres millones de votos de 25 millones de venezolanos. Pero bueno, al menos Diosdado Cabello, el Ministro-Candidato, ya reconoce que hay dos millones y medio de firmas.

¡Es así, Ministro-candidato, hay mas de dos millones y medio de firma, validas, imperturbables, como votos… peor que balas!

Las preguntas de un ciudadano.



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