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Venezuela: Hugo Chávez administra la extremaunción del Estado de Derecho

Editorial del Economist

Caracas.- ¿Acaso se trata de una conspiración de grupos opositores que pretendían utilizar paramilitares colombianos para sacar al Presidente del poder? ¿O más bien es un show montado por el Gobierno con el fin de desacreditar a una débil oposición y distraer la atención de sus propias maniobras para evitar que se realice el referendo revocatorio? Independientemente de cuál sea la verdad tras el arresto de casi un centenar de hombres uniformados, pero desarmados, supuestamente terroristas de derecha, el caso implicará más problemas para la oposición en Venezuela.

Chávez está a un paso de alcanzar el poder absoluto en su país. Los intentos de la oposición por apelar a la Constitución y someter al mandatario a un revocatorio parecen estar condenados al fracaso. Peor aún, una nueva legislación permite al Presidente controlar el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Ahora el incidente con los paramilitares es la excusa perfecta para adoptar medidas enérgicas.

En el país, los últimos vestigios del Estado de Derecho ya se han desvanecido, dijo Rafael Marín, legislador de la oposición, después que intentaran allanar su casa. Sus declaraciones son una hipérbole, pero sólo hasta cierto grado.

Luego de desbaratar una prolongada táctica de obstrucción ejecutada por la oposición, la Asamblea Nacional aprobó el 30 de abril una ley que añade 12 nuevos jueces al TSJ _antes de 20 miembros. Hasta ahora, las asignaciones judiciales y los despidos necesitaban la aprobación de una mayoría conformada por dos tercios de la Asamblea, algo que no tiene Chávez. Con la nueva ley, que posiblemente entre en vigencia este mes, sólo se requiere de una mayoría simple, por lo que el Presidente ahora podrá tanto incorporar los jueces que desee como hacer una purga en el Tribunal.

Dado que el Tribunal Supremo de Justicia controla el resto del sistema judicial, cada juez tendrá que aplicar la ley de la manera como quiera el Gobierno o correr el riesgo de perder su cargo.

Este es probablemente el golpe final al referendo. El Poder Electoral, dominado por el Gobierno, decretó un laborioso proceso de ratificación o rechazo de las firmas objetadas para finales de este mes. Es muy posible que el asunto sea llevado al TSJ. El tiempo se agota. Si se realiza el revocatorio luego del 19 de agosto (la mitad del mandato de Chávez) y el Presidente pierde, no se llamaría a elecciones, sino que el vicepresidente asumiría el poder.

La oposición teme que la nueva ley presagie la restricción de libertades políticas que han prevalecido hasta ahora en Venezuela bajo el mandato de Chávez. Aquellos que se atrevan a disentir del régimen serán castigados, dice Gerardo Blyde, abogado constitucionalista y legislador de la oposición. Esta semana, un alcalde perteneciente a su partido fue encarcelado por lo que la oposición denomina cargos forjados. Los venezolanos que firmaron la solicitud del referendo presidencial ven la posibilidad de que se les niegue desde pasaportes hasta préstamos bancarios, contratos con el Gobierno o cargos públicos, así como dólares a la tasa de cambio oficial, la más barata.

Chávez conserva el apoyo de por lo menos una tercera parte de los votantes. También controla la Fuerza Armada y la imprescindible industria petrolera. Además, dado que el crudo venezolano está por encima de 30 dólares el barril, su gobierno está nadando en dinero en efectivo. Desde que Chávez ganó las elecciones en 1998, el ingreso per cápita del país ha caído 27% (debido en parte a la huelga general de 2002 y principios de 2003). Este año, sin embargo, la economía comenzó a recuperarse.

Por lo tanto, pareciera que el Presidente quizás sobreviva fácilmente hasta finales de su mandato en enero de 2007, y quizás más. La oposición _un mosaico de partidos y grupos civiles_ está frente a un futuro nada apetecible. Se mantiene unida sólo por el deseo de librarse de Chávez. Si no hay referendo, la raquítica coalición se desmoronará. Los moderados pueden lograr un espacio en el Gobierno que les permita sobrevivir, y Chávez presentaría así una fachada de democracia. Los radicales, entre ellos algunos ex militares, pueden tratar de impulsar una rebelión, ya sea armada o de otro tipo. Pero el asunto de los paramilitares le ha dado al Gobierno un pretexto para adelantarse a cualquier esfuerzo de esta índole con una ola de arrestos.

Al igual que su mentor, Fidel Castro, Chávez se alimenta de sus enemigos, a los cuales ve no sólo en su país, sino también en Colombia y Estados Unidos. Su diplomacia de micrófono tiene la capacidad de causar tensiones en las relaciones de Venezuela con ambos países.

Hace unos años, se hubiese esperado que EEUU emprendiera un esfuerzo mucho más enérgico para evitar que la democracia se extinguiera en uno de los principales países de América del Sur. Sin embargo, el gobierno de Bush no ha dado señales de querer hacer algo que pueda interrumpir el flujo de petróleo venezolano antes de las elecciones de noviembre en su país, por lo que es probable que se limite a un discurso retórico de desaprobación.

Las relaciones de Venezuela con Colombia son más complicadas. La seguridad a lo largo de la disputada frontera es un constante dolor de cabeza. Tanto grupos guerrilleros como de paramilitares operan en el lado colombiano, y el problema se ha desbordado. El gobierno del presidente Alvaro Uribe en Bogotá se ha quejado de la falta de cooperación de parte de Chávez en cuanto al problema de la guerrilla.

El vicepresidente de Venezuela acusó al jefe del Ejército colombiano, general Martín Carreño, de estar involucrado en el caso de los paramilitares. Carreño lo negó.

Uribe ha sostenido conversaciones de paz con los paramilitares, pero estos diálogos están a punto de colapsar. No es del todo improbable que los líderes de los paramilitares de Colombia, incluso su Ejército, formen alianzas de conveniencia con los opositores de línea dura de Chávez. Sea verdad o no, el mandatario venezolano está dejando en claro que el único papel que ha de desempeñar una oposición democrática en Venezuela es nulo. Un día pudiera cosechar la tempestad que está sembrando.

Traducción Teresa León



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