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Bayonetas sobre Venezuela

por Manuel malaver - WebArticulista.net

14.11.04 | Por supuesto que es difícil calcular cuántas veces se ha titulado en Venezuela un artículo con tan sombría referencia, pero es indiscutible que con la persistencia del óxido que corrompe al acero, o de la fístula que algún día deviene en un cáncer generalizado, el estamento militar ha regresado para nublar de espadas y órdenes de mando el presente y futuro inmediato de los venezolanos.

Para no ir tan lejos, “Bayonetas sobre Venezuela” se llamó también un ensayo publicado por el parlamentario y ministro, Valmore Rodríguez, cuando la dictadura del coronel Pérez Jiménez se abría paso a sangre y fuego y pienso que mirando hacia atrás, hacia las lejanías de Juan Vicente Gómez, Cipriano Castro, Joaquín Crespo o Antonio Guzmán Blanco, siempre nos encontramos con estudios políticos, artículos de opinión, memorias o trabajos literarios sobre el tema del tirano que oprime y de los oprimidos que se rebelan.

“Por qué la patria sumergida en llanto,

por su preciosa libertad suspira,

por qué infeliz entre congojas mira

roto en jirones su estrellado manto”

clama un romántico e iracundo, Juan Antonio Pérez Bonalde, en el desierto de la dictadura guzmancista y, tras de él, puede decirse que marcha la inmensa tropa de poetas, novelistas, ensayistas, historiadores y periodistas que se inscriben en el esfuerzo heroico y ciclópeo de ver y sentir a la tierra venezolana liberada de fuetes, bayonetas y cadenas.

Una Venezuela al margen de los cuarteles, los campos de batalla, la diatriba, el odio, la represión, la división, la trácala, la montonera y de todo cuanto es expresión de la barbarie que se articula con la manipulación de la ley para reprimir, de la argucia para convertir a la mentira en verdad y a la verdad en mentira y de la adulteración de la historia para trasmutar a los villanos en héroes y a los héroes en villanos.

Pero sobre todo, una Venezuela legal y constitucionalmente al abrigo del caudillo omnipotente, del hacedor y deshacedor de la ley, del sabelotodo, del incontinente verbal, del dueño de la verdad, de la palabra y el silencio, y artífice de todo cuanto tiene que ver con el despropósito y la desmesura.

Del que amenaza porque él mismo es un amenazado, un perseguido por las sombras de quienes no tiene empacho en insultar, atropellar, allanar, detener, imputar y siente que tras la rueda de la maldad y los crímenes también llega la de la justicia que todo lo sustancia, todo lo conoce, todo lo juzga, todo lo castiga.

Creo que una muestra fresca, diversa, integral y con todos los ingredientes de esa Venezuela fracturada, ocupada, desintegrada y confundida que empieza a gemir bajo las bayonetas, podría encontrarse en el caso reciente de la presunta desaparición forzosa del coronel, Silvino Bustillos, incidente que involucró a este semanario, y al colega periodista y amigo sin pausa ni tacha, Manuel Isidro Molina.

Dos referencias imprescindibles para cualquiera que se asome al presente y futuro del ejercicio de la profesión que más odio genera en los cuarteles, en la burocracia, los tribunales corruptos y los laboratorios de guerra sucia y que en todo momento han estado alertas y denunciando la corrupción, los atropellos y la violación de la ley y los derechos humanos en la época del terror y el regreso de las bayonetas.

Y que no podían callar ante los indicios ciertos y no desmentidos de que un venezolano podía haber sido objeto de una desaparición forzosa y procedieron responsablemente a prender las alarmas ante un hecho monstruoso que debió despertar el interés de toda Venezuela, sin distingo de credos, ideologías, razas o preferencias políticas.

Pero no lo vieron así las autoridades militares, judiciales y comunicacionales del régimen, que salieron, no tanto a comprometerse con el esfuerzo de la aparición del coronel Bustillos y la detención de los culpables de su presunta desaparición, sino amenazar a sus familiares, al periodista, Manuel Isidro Molina, a “La Razón” y a todo cuantos tenían que ver con la denuncia de un presunto delito que sencillamente se estaba exigiendo averiguar.

Y básicamente por un rumor, por un rumor que se extendió a comienzos de semana de que el coronel Bustillos estaba vivo, pero sin que nadie sepa de donde vino, ni mucho menos certificara que vieron al coronel en carne y hueso en algún momento o lugar.

¿Qué pasó entonces? ¿Acaso una llamada del coronel Bustillos bajo amenaza, o quizá utilizando el recurso muy en boga en los medios de inteligencia y contrainteligencia de extrapolar palabras de una grabación y fabricar un discurso y utilizarlo para ponerlo en boca de alguien a quien interesa perjudicar? ¿Dónde está la persona que habló con Bustillos y por qué si habló con esa persona el coronel no ha vuelto a llamar a su esposa o familiares más cercanos?

Son preguntas en el laberinto pero que nadie se está formulando, ni políticos ni periodistas, ni familiares ni amigos, sin duda que intimidados por el primer desmentido de un Bustillos que nadie ha visto ni oído y por las voces de militares, fiscales y ministros del régimen que ya tienen al borde de una imputación por vilipendio a Manuel Isidro Molina.

Porque es que independientemente de lo que ocurra con el coronel Bustillos, es evidente que lo que si se está produciendo es una “desaparición forzosa” de la verdad, ya que de ahora en adelante, cualquier denuncia sobre la vida o libertad de un venezolano será comparada con el presunto desmentido del coronel Bustillos, puesta en duda y degradada.

¿Y no es esta una metódica puesta de moda en las llamadas guerras de última generación, y en las cuales, tanto la verdad como los hechos reales son acusados de virtuales e inexistentes y descalificados y desclasificados porque nadie tiene la facultad de rebobinarlos testimonialmente en el tiempo y el espacio?

“En realidad” escribe Mary Kaldor, en el clásico, “Las Nuevas Guerras” “el público serbio experimentó una guerra virtual antes de que estallará la guerra real; un conflicto virtual que hacía difícil distinguir la verdad de la ficción; de forma que la guerra asumía una continuidad en la que la batalla de 1389 en Kosovo, la segunda guerra mundial y la guerra de Bosnia formaban parte del mismo fenómeno”.

Ya veo y escucho al ministrico tal declarando: “Pero bueno ¿no les basta el caso Bustillos? Porque es cierto que aún no aparece, ¿pero él mismo no declaró que se encuentra vivito y coleando por unos montes, allá en Valencia? ¿Van a seguir con sus desaparecidos y atropellados virtuales?”.

Y el esfuerzo periodístico será entonces, no tanto para demostrar que fulano de tal si está desaparecido, sino que la denuncia es real y no virtual y no tiene nada que ver con el que entonces ya se conocerá como “el síndrome Bustillos”. (Según la Real Academia del Chavismo: “Virus que ataca a aquellos enemigos del régimen que se desaparecen de la faz de la tierra para comprobar que en Venezuela hay desaparecidos”.

Confusión, duda, perplejidad de lo más útil para el avance del mal, ya que mientras se establecen las condiciones ideales para la investigación de la verdad real y no virtual, es posible que ya los crímenes se hayan cometido y los culpables y las pruebas desaparecidos.

Y entre tanto, los allanamientos, los juicios amañados, las imputaciones y los asaltos a políticos de la oposición por supuestos delincuentes crecen como monte, así como la aprobación de leyes punitivas que comprobarán que las bayonetas vuelven a flamear sobre Venezuela.

Todo lo que conduce al clima cada vez más impune y criminal de una guerra sucia, y como la verdad es de manera insoslayable, el primer caído, la primera víctima de cualquier guerra, según sentenció el senador norteamericano, Hiram Johnson, en 1917, entonces podemos situarnos en la razón exacta de lo ocurrido en Venezuela en los últimos días.



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