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Venezuela: la naturaleza del Gobierno de Chávez Frías

por Ismael Pérez Vigil | Politólogo

31.03.05 | Durante meses se ha venido insistiendo en la importancia de definir de manera adecuada y precisa el carácter del régimen de Chávez Frías. Hemos seguido la discusión que al respecto se hace en los partidos políticos, en las organizaciones de la sociedad civil, en los foros de discusión por Internet y en las diversas listas de discusión y sobre todo la forma en que está siendo profundizado el tema por diversos analistas políticos en la prensa nacional. Sin embargo creo que ya no es tan importante.

Aparte de que el propio Chávez Frías se ha definido como integrante de un peculiar socialismo del siglo XXI (?), la verdad es que ya no importa mucho si el Gobierno venezolano es comunista o no. Que su ideología sea la de un socialismo de la vieja usanza o uno moderno —siglo XXI— nos debe tener sin cuidado. Como indiferente resulta su profundidad en el manejo del marxismo o su pulcritud en seguir las idea de Lenin y Mao; en todo caso, lo que resulta peligroso es su modo —comunista ortodoxo— de manejar la disidencia y la oposición; ese que es tan igual al fascismo y a las técnicas empleadas por Pinochet, sólo que este último lo hacía en nombre del capitalismo y contra el comunismo, al paso que se enriquecía de la manera más descaradamente capitalista. Creo que el problema ahora son los Gulag que veremos apareciendo; es esa ideología de que hay que acabar con toda disidencia, con todo lo que no se parezca a mí y nos debe tener sin cuidado si lo hacen directamente con los órganos represores del estado, las policías políticas —como lo hacía Stalin— o si utilizan para ello las “acusaciones privadas”, la Fiscalía, el TSJ o el silencio cómplice del Defensor del Pueblo.

Enfrascados, como hemos estado, argumentando la importancia de caracterizar el régimen que nos somete, arribo a la conclusión de que ya no importa tanto hacer una diferenciación microscópica, milimétrica, clara, que no admite contradicciones internas en su discurso, que sea coherente. No, no hace falta. El marxismo ya es adorno. Socialismo siglo XXI, izquierda a la europea o comunismo a la cubana son exquisiteces; meros adornos de restaurante de lujo; toques de sazón que sólo las papilas de un gourmet logra degustar; piezas melodiosas que únicamente oídos muy educados perciben, porque lo que aquí tenemos es un vulgar autoritarismo, un régimen militar que se inscribe en la más pura tradición gorila latinoamericana y que ya no sólo no escatima esfuerzos en destruir instituciones, sino que ya va contra cualquier vestigio de democracia y estado de derecho que pueda quedar. Creo que nos basta con haber llegado a la conclusión de que este es un régimen autoritario, de corte militarista. Que es el autoritarismo, en el fondo y en la superficie, lo que nos debe preocupar y que en realidad no importa su verdadera filosofía o si tiene alguna filosofía profunda.

Tres ejemplos concretos y recientes nos develan en toda su pureza la verdadera naturaleza de este régimen:

1) La recién aprobada reforma al código penal, según la cual toda opinión, disidencia o manifestación, hecha en público o en privado, en contra de algún funcionario público, puede ser considerada una ofensa que se pagará con años de cárcel. No es un artículo, son varios y se refieren a supuestas ofensas al Presidente de la Republica (147), al Vicepresidente, Magistrados del Tribunal Supremo, Miembro de algún Poder Publico, Ministros, Diputados o Alto Mando Militar (148) o puede ser considerada instigación a contravenir la ley (283) o a desobedecerla (285) o ser acusado de causar pánico por difundir información por algún medio (297) o quien sea acusado de obstaculizar la vía (357).

2) La decisión, también reciente, del Tribunal Supremo de Justicia, según la cual una sentencia firme de la Sala Plena fue declarada invalida y susceptible de ser llevados nuevamente ante los tribunales a quienes previamente se había declarado inocentes del delito del cual se les acusó; es decir, se abre toda una polémica —con opiniones muy divididas— con relación a si se ha vulnerado el principio de cosa juzgada o si que quedaría supeditado a la “verdad” que se le ocurra al Tribunal. Pero, más allá de esa polémica jurídica, de lo que no cabe la menor duda es que el Gobierno lo que buscaba con esta sentencia era una nueva puerta para re escribir la historia.

El Gobierno de Chávez Frías no podía vivir con una decisión del Tribunal Supremo que le recordaba que en la madrugada del 12 de abril, el General Lucas Rincón —para el momento Inspector General de las Fuerzas Armadas, y tras el retorno al poder de Chávez Frías, Ministro del Interior y Justicia— le anunció al país que el Alto Mando Militar, encabezado por él, había considerado que Chávez Frías había sido el responsable de los sucesos ocurridos el día anterior en el centro de la ciudad y que en consecuencia le habían solicitado la renuncia, la cual él había aceptado, y que acto seguido ese Alto Mando Militar puso sus cargos a la orden.

Para el Gobierno de Chávez Frías no era tolerable que lo ocurrido en abril de 2002 no hubiera sido calificado como rebelión militar, pues de esa manera, la versión que quedaba era la que dio el General Lucas Rincón, quien en aquel al momento era el de más alta graduación en el país. Mucho menos, si el propio Chávez Frías ya había sido acusado en febrero de 1992 de dirigir una intentona militar y de participar en otra en noviembre de ese mismo año, que sí fueron calificadas como rebelión e intento de golpe de estado.

3) El último elemento que consideraremos se refiere a la educación. Fieles al dogma de que toda sociedad reproduce sus estructuras de dominación, lejos de querer acabar con esa aberración, como sería lo coherente ideológicamente hablando, el Gobierno de Chávez Frías quiere perpetuarla de manera descarada. Para ello está circulando un plan de reforma educativa, inspirado en un documento que el propio Ministro ha admitido que sólo tiene carácter de borrador y en un proyecto de resolución —borrador también, según el Ministro—sobre la Comunidad Educativa Bolivariana.

En dicho plan, lo que esta planteado es que se garantice en “… los cuadros estratégicos de dirección, la presencia de profesionales identificados y comprometidos con el proceso revolucionario bolivariano, que garanticen la ejecución de políticas y medidas que impulsen la acción de una educación transformadora y de calidad para todos y todas, orientada a la formación del nuevo Republicano Bolivariano.” Sin ningún escrúpulo, con meridiana “claridad revolucionaria” los redactores del proyecto sostienen que las “… posiciones ganadas, conocimientos obtenidos para ayudar a la transformación, son susceptibles de perderse, si para su legalización se aplica el dispositivo vigente, es decir "Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente", y en tal sentido urgen al Ministro “…promulgar un instrumento legal (Decreto o Resolución), que permita o conceda la legalización de las funciones asignadas a los encargados, que en su gran mayoría están comprometidos con la transformación y son garantía para afianzar las posiciones ganadas y poder seguir avanzando en el proceso con menores obstáculos.”

De modo que no está planteado —como en los últimos días ha dicho el Ministro— una reforma a fondo de la educación, de su calidad; mucho menos de cómo mejorar el nivel de estudiantes y docentes, como incrementar la matricula, como mejorar la calidad de vida de los docentes, como ensamblar las denominadas Misiones —mecanismo meramente informal— con el sistema regular de educación, como integrar esos planes con el resto del país, como dotar a las escuelas regulares con recursos similares o parecidos a las que se han asignado a las Misiones, etc. No. Lo que está planteado es como controlar los Planteles públicos y privados a partir de estructuras extrañas a la propia educación, pero aceptadas con el eufemismo de Comunidad Educativa; y, sobre todo, como controlar los procesos educativos dando carácter de permanentes a los “encargados”, pero sin que éstos cumplan con los requisitos establecidos en el Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente, que es una vieja conquista del magisterio venezolano desde los años cuarenta y que establece que, independientemente de la ideología del docente, basarán su ascenso únicamente en su calidad profesional y en cumplir los requisitos de calidad establecidos.

En estos tres ejemplo vemos claramente que en realidad sobra lo de identificar de manera muy precisa la real naturaleza del régimen, con su carácter autoritario y militar es más que suficiente para oponerse a él, sea que al final se inspire en el comunismo, en el capitalismo o en lo que sea.



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