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“La SIP es una letrina” que Jose Vicente Rangel también usó

Por Patricia Torres Uribe | Tal Cual

12.10.05 | Ayer el vicepresidente de la República, José Vicente Rangel, apuntó su afilado verbo contra la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), por su insistencia en condenar supuestas amenazas a la libertad de expresión en Venezuela.

La frase fue contundente: "La SIP es una letrina".

Catorce años atrás, sin embargo, el segundo a bordo del gobierno bolivariano, envió otra clase de mensaje a "eso" (la SIP) que "representa los más turbios y oscuros intereses de la empresa mediática".

En un escrito, el entonces "destacado periodista y ex candidato a la Presidencia de la República", según lo describe Carlos Ball en una nota, apeló a la Comisión de la Libertad de Prensa de la SIP, para denunciar el acoso a periodistas, la intervención de teléfonos y de líneas de fax por parte de los organismos de seguridad del Estado, el empleo de policías para seguir a periodistas, las campañas de amedrentamiento y los esfuerzos del presidente de la República (el mesmo CAP) por descalificar el "periodismo de denuncia". Este último género, por lo demás, encontraba una de sus expresiones más acabadas en la columna "Los días y los hechos", que Rangel escribió por años para El Universal, y su programa de TV transmitido por Televen José Vicente hoy.

Carlos Andrés Pérez ocupaba el asiento en Miraflores, luego vinieron Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera, y Jotavé (así se nombraba a sí mismo en ocasiones), lo mismo utilizaba los espacios de los que disponía en los medios privados para congratular a sus colegas periodistas: "Mis felicitaciones a la excelente colega Marta Colomina por el premio de periodismo Monseñor Pellín. Se lo merece en toda la línea". (El Universal, 14/5/1997). También para denunciar, sin necesidad de acreditar fuentes o aportar pruebas, conductas que supuestamente atentaran contra el patrimonio público: "El viceministro de Transporte y Comunicaciones tiene a su cargo 6 choferes (3 en casa y 3 en el trabajo) y 6 escoltas (3 en casa y 3 en el trabajo). ¿Austeridad?" (El Universal, 11/5/1997). O para reproducir citas que hablaran sobre el ejercicio de la profesión que García Márquez una vez llamó "el oficio más lindo del mundo": "Pierra Sallinger, ex asesor de prensa de Kennedy, arribó a la conclusión de que las visiones que existen sobre el trabajo de los periodistas, desde el gobierno y desde los medios, son irreconciliables. Son dos orillas que no se juntan (se pueden constatar aquí" (El Universal, 11/5/1997).

Entonces denunciar era hacer patria, y Rangel reprochaba que el poder confundiera crítica con desestabilización: "La mejor forma de apreciar la autenticidad de una democracia es a través de las actitudes que adoptan quienes están en el poder frente a la crítica. En EEUU -por ejemplo- a nadie se le hubiera ocurrido decir que detrás de la denuncia contra el presidente Nixon, cuando el caso Watergate, había una maniobra desestabilizadora del sistema democrático americano.

O que detrás del empeño de los republicanos por cuestionar la conducta privada del presidente Clinton, o de las acusaciones que se le hacen a éste sobre la utilización de los recursos del Gobierno -teléfonos de la Casa Blancaexista una siniestra confabulación.

Tampoco en Israel se atribuye propósito desestabilizador a las críticas e intentos de votos de censura contra el primer ministro Netanyahu. Igual pasa en Francia, Italia -que vive en permanente crisis política-, Inglaterra, por sólo citar algunas democracias que funcionan.

En Venezuela, en cambio, si Juan Liscano -brillante intelectual y hombre que toda su vida se ha alineado con la democracia- dice que el presidente Caldera debe renunciar, enseguida es descalificado y acusado de participar en un plan desestabilizador. Por cierto, quienes con más furor descargan a Liscano son aquellos que en el pasado se caracterizaron por asumir a fondo políticas desestabilizadoras, convirtiéndose en blanco de los ataques del mundo oficial -que empleó el mismo lenguaje que ahora ellos usan. El mundo da muchas vueltas -solían decir nuestros antepasados- mas lo que evidentemente no cambia es la actitud del poder venezolano ante la crítica y el derecho del ciudadano a decir lo que piensa. ¿Es desestabilizador un voto de censura cuando la Constitución lo consagra? (Sin duda que constituye una deplorable mediocridad y falta de auténtica calidad democrática asumir el tema de la desestabilización en los términos en que lo hacen los personeros del Gobierno) (El Universal, 14/5/1997).

“Mis felicitaciones a la excelente colega Marta Colomina por el premio de periodismo Monseñor Pellín. Se lo merece en toda la línea”, escribía Rangel en 1997.



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