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Hugo Chávez será derrotado

Por Joaquín Villalobos

Oxford, julio 2004 - El referendo del próximo quince de agosto en Venezuela, tiene una importancia crucial para toda Latinoamérica. Las crisis políticas de Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú y la de la misma Venezuela, hace 30 años hubiesen derivado en revoluciones radicales de izquierda o de derecha con gobiernos autoritarios. Con enormes defectos, la realidad es que en todos esos países funcionaron los fusibles del sistema democrático con renuncias, nombramientos parlamentarios, convocatoria a nuevas elecciones y medidas constitucionales para situaciones extremas. Los golpes de estado y las insurrecciones no fueron lo dominante y, para confirmar la regla, la pequeña y breve revuelta en Haití habría sido la excepción. Argentina vio pasar cinco presidentes y unas elecciones en las que, luego de que la consigna popular fue: "que se vayan todos", la realidad es que para bien "regresaron todos". Argentina está retornando a la normalidad y Venezuela a empujones se encamina a un referendo. Es verdad que en Latinoamérica la democracia aun no ha resuelto la pobreza, pero está salvando vidas de conflictos fraticidas que, de ocurrir, la aumentarían.

Venezuela tiene la crisis más grave y se ha convertido en el referente de riesgo para asustar a los países que no fortalecen sus instituciones, ni mantienen sanas sus cuentas políticas. Cuando en toda Latinoamérica los militares iban de salida por la puerta derecha, en Venezuela regresaban por la puerta izquierda y sin hacer una revolución, parieron un conflicto. Ahora que el referendo es un hecho, el pronóstico sobre el resultado tiene mucha importancia para demostrar que la política no es lotería y que en ella se cosecha lo que se siembra. Chávez mismo es la cosecha de quienes más lo odian.

Haberse opuesto tanto al referendo fue un error que convierte a Chávez en un competidor que ya está moral y políticamente derrotado, aunque diga lo contrario. Su permanencia en el gobierno es ahora incierta y esto abre en sus filas una conflictividad difícil de controlar. Existen cuatro aspectos importantes relacionados con el pronóstico, lo que dicen las encuestas, el posible impacto de políticas clientelares o sociales de Chávez, la batalla entre el retorno a la normalidad y la continuación de la venganza contra el viejo sistema político y, finalmente, los riesgos de errores y división en la oposición.

Las encuestas son siempre útiles, pero la sociedad venezolana ha estado sometida a tensiones y presiones extraordinarias, por lo tanto, muchos datos serán inexactos. No estamos frente a estudios de opinión en un país normal y tampoco es el extremo de Cuba, pero hay factores que inhiben a la gente a decir lo que piensa. Si las encuestas dicen que Chávez está perdiendo por poco margen, es bastante seguro que ese margen será mayor, porque con seguridad hay datos escondidos en relación al abstencionismo y al número de personas dispuestas a votar contra Chávez. Si millones de personas han ido a marchas, otros millones han firmado con nombre y apellido, y la política se ha vuelto omnipresente; no hay bases serias para pensar que en Venezuela la apatía y el abstencionismo sean un problema.

Es muy difícil que los votantes a favor de Chávez sean más de lo que las encuestas dicen, lo más probable es que sean menos debido a todos los mecanismos de presión que el gobierno ha utilizado para mantener a sus adeptos. El referendo de Venezuela será muy parecido a la elección que perdió Daniel Ortega en Nicaragua. En aquella ocasión todos los estudios pronosticaron la victoria del FSLN y la oposición estaba más diez puntos abajo. Sin embargo, los sandinistas fueron derrotados y sorprendidos por miles de votos a favor de la oposición en sus propias filas y hasta en sus propias casas. Esto se debió a que esa forma de gobernar, que ha sido copiada por Chávez, reprime la crítica, promueve el seguimiento fanático y, con ello, genera que su propia gente mienta y nunca diga lo que piensa. Cuba es el ejemplo más claro de esto y por ello, Fidel Castro no hace elecciones, sino sólo marchas y concentraciones.

En relación al impacto de las llamadas políticas sociales de Chávez, si bien no son despreciables, el problema es que sólo serían efectivas si hubiese un marco institucional ejecutor como en Suecia o Francia, o si existiese un cuerpo partidario ideológico como el de Cuba, el FSLN de Nicaragua o el PRI de México, pero el chavismo es todavía un amorfo sin definirse ni consolidarse. Son demasiados millones queriendo bajar por tuberías estrechas, esto es en esencia voluntarista y termina generando más corrupción arriba que resultados abajo. Por otro lado el plan social de Chávez compite contra un adversario más fuerte que es la demanda de normalidad. El punto álgido de venganza contra el viejo sistema político ya pasó, ahora es minoría y la fuerza de la oposición es la prueba. Chávez, al igual que Daniel Ortega en Nicaragua en los 80, le pide a la gente sacrificios para una lucha sin final. Entre más perciba la gente el riesgo de continuidad conflictiva, más usará los votos para cambiar la situación. En Nicaragua, a pocos días de la elección, el FSLN montó una impresionante concentración pública, el efecto aparente fue que los sandinistas eran invencibles, el efecto real fue que crearon un miedo tan grande que movió a más gente a votar contra ellos. Paradójicamente a Daniel Ortega lo derrotaron los más pobres.

El voto de los venezolanos sin lugar a dudas se definirá también por el retorno a la normalidad y la oposición actual es la que mejor representa esa idea. La oposición extremista se agotó en sus intentos de golpe de Estado y en la huelga; ahora los moderados están en control y esto reduce mucho el margen de errores y divisiones. Pero el gran reto de esa oposición no es ganar el referendo, ni llegar al gobierno, eso es un hecho. Viene la tarea de controlar los riesgos de que divisiones en el chavismo estimulen divisiones en la oposición y que, con ello, el sistema político quede atomizado en decenas de minipartidos. En consecuencia, el gran reto es reconstruir el sistema político, reconciliar a los venezolanos, restablecer la tolerancia, evitar otro ciclo de venganza y finalmente aceptar a Chávez y al chavismo como una expresión más de la política venezolana con todos sus derechos. La paz duradera no la da el sometimiento y la exclusión, sino la educación democrática y la inclusión



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